Un cuarto día, muy caluroso, pero muy interesante. Nuestra primera parada ha sido en las ruinas de la antigua ciudad de Efeso, está reconocido como uno de los más grandes museos al aire libre del mundo, donde cabe destacar la biblioteca de Celso, un edificio de dos plantas, impresionante.
El templo de Adriano y el teatro.
Por la tarde nos hemos acercado hasta el esperado Pammukale, el famoso castillo de algodón, tengo que decir que no me ha defraudado, es increible que la naturaleza haya podido crear ese precioso paisaje.

Es verdad que no todas las “piscinas” naturales contienen agua, al ser agua termal los hoteles se han abastecido durante mucho tiempo de ella, provocando así la escasez.

Pero, aún así, vale la pena, vale mucho la pena haber llegado hasta aquí, descalzarse, relajarse…eso sí, con cuidado!! que hay zonas donde resbala mucho.
Encima de este increible paisaje, permanecen los restos de la ciudad de Hierápolis, restos que solo fué a ver Pepe, pues los mios “restos” quedaron sentados en la terraza cubierta de un bar con otros compañeros de viaje.
A un cuarto de hora, teníamos el hotel, donde había piscina con aguas termales provenientes de Pamukkale, otra piscina con agua muy caliente, tan caliente que solo se podía meter los pies, piscinas al aire libre, y una sala de mármol, luz tenue, y con grifos donde emanaba agua caliente, y cubos con jabón, a eso se le llama Hamman, perfecto para darse un masaje. ¡Que relax! que ganas tenía de tener un momento así, por fín!!!
Después de cenar, en la terraza del hotel hicieron un espectaculo con musica en directo y la danza del vientre.


























