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SEXTO DÍA: CAPADOCIA

01 jul

Empezamos el día con una vista panorámica de la zona, es curioso ver como la naturaleza ha esculpido las rocas para darles formas tan diversas como camellos, virgenes, etc.. incluso distinguimos la figura de “la moreneta”, aunque no sabemos si es debido a nuestra imaginación o al calor abrasador que aumentaba cada minuto que estamos ahí.

Después de pocos minutos de autobús, llegamos a “Bazar 54″; como curiosidad os contaré que se llama así porque el hombre que llevó el taller de las alfombras al lado de Capadocia, tenía antaño, su puesto en el Gran Bazar, en Estambul y para recordar siempre de donde procedía, le puso a su nueva tienda el número de la plaza que ocupaba en el Gran Bazar.

Allí, nos enseñaron el arte de tejer alfombras, como se tiñen las lanas y nos ofrecieron el típico té de manzana mientras inundaron la sala con todo tipo de alfombras, de todos los modelos, de lana, de algodón, de seda, de todos los tamaño y colores.

Evidentemente, la primera parte de la visita fue la excusa para poder vendernos sus productos, aún así, no tuvimos la sensación de agovio de vendedores, fue todo muy correcto y muy interesante! Por supuesto, la alfombras turcas son magníficas, realmente impresionantes.

Saliendo de la tienda de las alfombras, sin comprar nada pero donde todo nos pareció precioso, el chófer nos dirigió al valle de la chimeneas de las adas, unas vistas impactantes bajo un sol abrasador, aún así, recorrimos el sendero que se deslizaba entre tantas columnas de piedra, muchas de las cuales tenian casas excabadas en su interior donde la temperatura bajaba considerablemente.

Seguimos la ruta que nos llevó a comer a un hotel excavado en la ladera de una montaña, lo más destacable, a parte de la comida, eran las vistas del valle y del volcán en el horizonte.

Con la clara intención de que se nos atragantase la comida, el guía nos llevo a una tienda de joyas donde no nos enseñaron nada, no fue ninguna visita cultural, fue una encerrona en toda regla. En primer lugar, un chico amable nos enseño parte de “la colección” con distintos modelos de joyas; plata, oro y piedras preciosas. Una vez acabado su discurso, aparecieron vendedores por doquier, cuatro o cinco por mostrador, un auténtico ejército de mercenarios a comisión que no nos dejaron respirar. Fue un momento lamentable, lo peor del viaje, un acoso y derribo, nos sentimos perseguidos, intimidados y engañados. La puerta de salida, hasta pasados muchos minutos no la abrieron y no sabías por donde salir. En fin, lo dicho, lo peor del viaje.

Nosotros y los demás turistas mosqueados con la situación y el guía, por la poca comisión que le debió quedar, nos marchamos hacia el valle de Göreme, un museo al aire libre donde se encuentran las iglesias rupestres perforadas en los monolitos y decoradas con frescos.

Por la noche, después de cenar como los ingleses, a las 7:30 de la tarde, nos llevaron a una “cueva restaurante” que nos recordó mucho a los de la zona de León, donde fuimos invitados una vez por nuestros vecinos.

Allí nos deleitaron con los bailes folclóricos de Turquía y pudimos ver la danza esperitual de los derviches danzantes. También os confesaremos que la fiesta terminó demasiado pronto para nosotros! Ese vozka con licor de cerezas entraba muy bien!! jajajaj

De vuelta al hotel, hasta el chofer se animó y nos paró en el arcén para dar un “paseillo” por el autobús. En fin, un día muy completo!!! Si señor!

 

CUARTO DÍA: EFESO Y PAMMUKALE

24 jun

Un cuarto día, muy caluroso, pero muy interesante. Nuestra primera parada ha sido en las ruinas de la antigua ciudad de Efeso, está reconocido como uno de los más grandes museos al aire libre del mundo, donde cabe destacar la biblioteca de Celso, un edificio de dos plantas, impresionante.

El templo de Adriano y el teatro.

Por la tarde nos hemos acercado hasta el esperado Pammukale, el famoso castillo de algodón, tengo que decir que no me ha defraudado, es increible que la naturaleza haya podido crear ese precioso paisaje.


Es verdad que no todas las “piscinas” naturales contienen agua, al ser agua termal los hoteles se han abastecido durante mucho tiempo de ella, provocando así la escasez.


Pero, aún así, vale la pena, vale mucho la pena haber llegado hasta aquí, descalzarse, relajarse…eso sí, con cuidado!! que hay zonas donde resbala mucho.

Encima de este increible paisaje, permanecen los restos de la ciudad de Hierápolis, restos que solo fué a ver Pepe, pues los mios “restos” quedaron sentados en la terraza cubierta de un bar con otros compañeros de viaje.

A un cuarto de hora, teníamos el hotel, donde había piscina con aguas termales provenientes de Pamukkale, otra piscina con agua muy caliente, tan caliente que solo se podía meter los pies, piscinas al aire libre, y una sala de mármol, luz tenue, y con grifos donde emanaba agua caliente, y cubos con jabón, a eso se le llama Hamman, perfecto para darse un masaje. ¡Que relax! que ganas tenía de tener un momento así, por fín!!!

Después de cenar, en la terraza del hotel hicieron un espectaculo con musica en directo y la danza del vientre.