Empezamos el día con una vista panorámica de la zona, es curioso ver como la naturaleza ha esculpido las rocas para darles formas tan diversas como camellos, virgenes, etc.. incluso distinguimos la figura de “la moreneta”, aunque no sabemos si es debido a nuestra imaginación o al calor abrasador que aumentaba cada minuto que estamos ahí.
Después de pocos minutos de autobús, llegamos a “Bazar 54″; como curiosidad os contaré que se llama así porque el hombre que llevó el taller de las alfombras al lado de Capadocia, tenía antaño, su puesto en el Gran Bazar, en Estambul y para recordar siempre de donde procedía, le puso a su nueva tienda el número de la plaza que ocupaba en el Gran Bazar.
Allí, nos enseñaron el arte de tejer alfombras, como se tiñen las lanas y nos ofrecieron el típico té de manzana mientras inundaron la sala con todo tipo de alfombras, de todos los modelos, de lana, de algodón, de seda, de todos los tamaño y colores.
Evidentemente, la primera parte de la visita fue la excusa para poder vendernos sus productos, aún así, no tuvimos la sensación de agovio de vendedores, fue todo muy correcto y muy interesante! Por supuesto, la alfombras turcas son magníficas, realmente impresionantes.
Saliendo de la tienda de las alfombras, sin comprar nada pero donde todo nos pareció precioso, el chófer nos dirigió al valle de la chimeneas de las adas, unas vistas impactantes bajo un sol abrasador, aún así, recorrimos el sendero que se deslizaba entre tantas columnas de piedra, muchas de las cuales tenian casas excabadas en su interior donde la temperatura bajaba considerablemente.
Seguimos la ruta que nos llevó a comer a un hotel excavado en la ladera de una montaña, lo más destacable, a parte de la comida, eran las vistas del valle y del volcán en el horizonte.
Con la clara intención de que se nos atragantase la comida, el guía nos llevo a una tienda de joyas donde no nos enseñaron nada, no fue ninguna visita cultural, fue una encerrona en toda regla. En primer lugar, un chico amable nos enseño parte de “la colección” con distintos modelos de joyas; plata, oro y piedras preciosas. Una vez acabado su discurso, aparecieron vendedores por doquier, cuatro o cinco por mostrador, un auténtico ejército de mercenarios a comisión que no nos dejaron respirar. Fue un momento lamentable, lo peor del viaje, un acoso y derribo, nos sentimos perseguidos, intimidados y engañados. La puerta de salida, hasta pasados muchos minutos no la abrieron y no sabías por donde salir. En fin, lo dicho, lo peor del viaje.
Nosotros y los demás turistas mosqueados con la situación y el guía, por la poca comisión que le debió quedar, nos marchamos hacia el valle de Göreme, un museo al aire libre donde se encuentran las iglesias rupestres perforadas en los monolitos y decoradas con frescos.
Por la noche, después de cenar como los ingleses, a las 7:30 de la tarde, nos llevaron a una “cueva restaurante” que nos recordó mucho a los de la zona de León, donde fuimos invitados una vez por nuestros vecinos.
Allí nos deleitaron con los bailes folclóricos de Turquía y pudimos ver la danza esperitual de los derviches danzantes. También os confesaremos que la fiesta terminó demasiado pronto para nosotros! Ese vozka con licor de cerezas entraba muy bien!! jajajaj
De vuelta al hotel, hasta el chofer se animó y nos paró en el arcén para dar un “paseillo” por el autobús. En fin, un día muy completo!!! Si señor!








































































































